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SantoÑo, tu opción para un mundo mejor

Del papanatismo a la pela larga del talento

 


Cultura. Siempre estamos con la susodicha palabrita. Y cuando se echa un vistazo al panorama catódico y al kiosko es para caerse de culo. Y sí eres periférico la cosa todavía se pone peor.

Hace unos días en tv3, la estrella de las noches informativas despidió con la cortesía y respeto que se merece una mujer como Rocío Jurado, pero la sorpresa llegó con el panegírico. La señora repeinada dijo: “...ha sido “cantante de jazz”. Jazz????!!!!!
Esta excelsa  intérprete de copla, y buena cantante de flamenco, la única que se ha paseado habitualmente por este país con orquesta, que llegó a cobrar en sus buenos años 6 kilos por gala, algo vetado al resto de la población musical, ¿cuándo ha interpretado a Ellington, Monk, Porter, Gershwin y compañía? Tal vez un día cantó algo en una venta, no digo que no, pero eso no la convierte en una cantante de jazz. Por favor...
Por qué esta señora que no para de cruzar las piernas, qué mal gusto televisivo y siempre con pantalones, hace como todos los demás bustos parlantes de la tele que nunca preparan con la suficiencia debida las notas de cultura.
En el fondo, la indocumentación del caso la pone a la altura de todas esa carroña que sólo chismorrea y grita sobre las miserias de los famosos. Y Rocío Jurado, más allá de ella misma y de muchos de sus allegados, es alguien en la memoria colectiva de este país.

Telekioskito. Monegal la caga de nuevo.

El otro día tuvo el humor de gastarse algo más de 11.000 euros, detalle que, por otra parte, le honra, en entrevistar a José María Sanz, que se pasó un buen rato descalificando al personal diciendo “...éstos también se conocieron en una biblioteca...”. Al invitado le queda mucho para hablar como un santoñero de pro. No paró de decir “lu que”, “algu” y no recuerdo si se le escapó algún “desde luegu”. Y su castellano no pasa precisamente por Góngora ni Lázaro Carreter. A la tercera frase en catalán se pasa al castellano porque lo que tiene de largo lo tiene de escaso respecto a la lengua, con perdón, de Folch & Towers. Lo habla tan bien como... Estopa. Otros que tal. Ahora ganan todos, con Pepito Montilla a la cabeza, hablan todos igual. Todos tienen el nivell D, d de desmemoriados, desmotivados con respecto a su cultura. Pero, eso sí, muy reinvindicativos ellos de sus cositas, de su pan. Todos comparten escenario y mensaje: promesas  electores, el ministro, futuro...; y ¿buenas canciones? el largo y  los hermanísimos, éstos cada día más  pegados a la teta de Buenafuente o ¿será al revés?. Y el público sigue sordo. Y todos juegan con la desmemoria. Son como el ajo, se repiten hasta el infinito. 
“Me pagó los discos, bueno el 30 %”, dijo Sanz. “Me propusieron hacerme cantante????!!!! melódico”. De la percha se vive un rato, pero no toda la vida, aunque lo parezca. Criticó al bueno de Ramoncín, digo bueno porque la copia de la copia de la copia de la copia ibérica que una día fue de Springsteen hace tanto tiempo que rebasó el patetismo que parece tonto gastar saliva en alguien que no es más que humo aunque ahora nos joda con el canon a aplicar sobre todo. Esta casa sabe que más temprano que tarde todo se volverá en contra.
La perla fue: “yo no salgo en televisión porque puedo decir no.” Ese es el resumen de la horita, los 11.000  euritos de nada -¡cómo se agradece pillar ciertos programas empezados!- del amigo Sanz. Si eso es así, ¿qué hace en un programa de crítica televisiva?
Monegal, usted en qué andaba pensando cuando decidió invitar a un señor que pegó un pelotazo de primer orden en 1988, si la memoria no falla, al ser número 1 de los infaustos 40 Principales con canciones que su peña escasa pero fiel se sabía de memoria desde años atrás. O cree que esa radiofórmula se caracteriza por criterios no extrictamente económicos. ¿Le suena el término payola, amigo Monegal?
¿Usted sabe que su invitado enviaba a miembros de la prensa coronas mortuorias cuando las críticas no le complacían, con leyendas tipo “la familia no te olvida”, similares a la que envió al malogrado jugador de baloncesto Fernando Martín? ¿Qué credibilidad tiene alguien así que no distingue entre vivos y muertos y además aseguró en su día que no lo volvería hacer y lo hizo de nuevo?
Tiene cómo averiguar lo antedicho: su guionista sabe de “inteligencia militar”, bandos de civismo y puteríos varios, además de publicitarse como tertuliano en tv3, la competencia. Esperemos que los becarios que inundan el sector de la comunicación tengan mejores maneras a la hora de demostrar su disgusto. Salvando su ignorancia, llegó a la síntesis cual Ferran Adrià de medio pelo al preguntar a su cantante favorito, al menos por una noche, qué haría Jacques Brel si viviese hoy. Monegal: especular con los muertos está muy manido.
 

Lo Nano aburre hasta las ovejas

Vayamos a lo que sí sabemos: cómo ha arrasado en prime time Serrat promocionando cual novel su último disco. Ha tenido que pasar por el tubo, o mejor dicho los espectadores y radioescuchas le hemos soportado estoicamente, como cualquier hijo de vecino. La sordera está en lo más alto. Los mencionados realmente tienen algo que decir, algo que compartir...
Los grandes, no. Los grandes no salen en especiales en día festivos en teles públicas, ni dejan de actuar porque haya futbol. Al menos, así lo recuerdo en una noche memorable de Leonard Cohen que nos dijo: “les agradezco que estén aquí, sé que hoy es una noche importante para muchos de ustedes”. Se refería al Barça de baloncesto, que aquella noche ganó el título. Salva de aplausos cuando se anunció la victoria. Eso es estilo y lo demás son puñetas. Monegal por qué  no invita al pacident. Que le explique por qué ve televisión sin audio en su bar favorito y por qué le vetan en el Sónar. Échele valor. 
Monegal, usted admitió  haber reñido a Serrat y la competencia, Buenafuente nuevamente, le dijo que el ex-nano hacía lo que le salía de los cojones con la rotulación de sus canciones. Bueno, se lo dijeron más fino, pero era eso. Brel se murió y déjelo así. Su invitado fue más listo y sólo enseñó el colmillo de medio lao...
Acto seguido, ambos se enzarzaron en una paja mental. La tele es entretenimiento y, a veces, cultura. Recuerde amigo Monegal que ya no está para claveles y que trabaja en una tele pública. Si tiene vergüenza torera debería disculparse ante la audiencia por la escasa información que maneja sobre sus invitados. No es lo mismo plagiar un libro en plan usted ya sabe que enviar coronas a la prensa por muy canalla que ésta sea. Y la próxima vez que invite a alguien así pregúntele por qué se ha pasado media vida catódica cantando en playback.


Cultura por asimilación

Santoño as usual

El ejemplar original, publicado en mayo, vale 20 dólares y se puede conseguir por internet, y en junio se ha editado en castellano y se regalaba junto al número habitual  por 3 euros. Todo un detallazo, cabe suponer que la exlusividad publicitaria ha echado el resto.
Señores, descúbranse ante un incunable como “las 100 mejores portadas en 1.000 números” de la revista Rolling Stone. Es sencillamente la revista de la cultura rock, por mucho que mire atrás, por mucho que desprecie e ignore lo que no se haga en inglés, por mucho que su mirada alcanza más y mejor a Irlanda y Gran Bretaña que a los estados latinos de la Unión. O que pasen de África, Asia o el flamenco.
Han sido los únicos, por pioneros, por locos por creer en algo que no existía en 1967 y que no sabían donde les llevaría, que se convirtieron en una referencia cultural y empresarial. Jann S. Wenner hace mucho que debe ser multimillonario y ha sabido tener un pie en la actualidad más rabiosa, saber capear a MTV y VH1, y una pertinente mirada en los clásicos. Y a esos maravillosos fotógrafos con Richard Aveson y la gran, gran Annie Liebovitz a la cabeza. Sin olvidar a tipos como el gran gonzo Hunter S. Thompson y los ilustradores.  
¿Qué tenemos aquí? Hasta la versión madrileña es un pálido reflejo. Toda la actualidad catalana del número de junio que acompaña al extra referido se redude al concierto de Bruce Springsteen, por la sencilla razón que fue el único ofrecido en todo el país. Y a una tontería sobre el Primavera Sound. Del resto del país, J y poco más.  
RS tiene varias versiones hispanas, y la mexicana, la colombiana, menos cuando le da tanta bola al reaccionario de Juanes y Shakira, y, en especial, la argentina, están muy por encima de la madrileña. La argentina ha informado con rigor, dolor, memoria histórica y mucho rocanrol la catástotre del boliche Cromagnon, acaecida en Buenos Aires el 30 de diciembre del 2004 que se cobró casi 200 muertos. Esos reporteros supieron que el rock en Argentina jamás volverá a ser igual. La corrupción del caso es tal que se la jugaron. Y buscaron testimonios durante meses y no les tembló la mano. Y tuvieron respeto por el dolor ajeno.
Hay un artículo demoledor de mediados del 2005, de como una chiquilla de 16, 17 años explica meses después cómo murió su novio calcinado porque cuatro descebrados despreciaron las más elementales medidas de seguridad. Y el dueño del local, mientras la gente moría, asfixiada o pisoteada, contaba billetes y luego darse a la fuga. Hasta el gobernador de la ciudad autónoma, un tal Ibarra, ha caído, él que dijo en su  momento que no era su culpa. Que los permisos y demás estaban en regla. Algo así como Clos pero con la infamia como mejor aliada.
Aquí, quién hace algo así. Aquí te regalan un disco y de paso engrosan de alguna manera las arcas de la sgae y a correr. ¿Qué diferencia hay entre, por ejemplo, Go y Telva o El Mueble y Enderrock?

Por mucho que sea una mirada al pasado, RS tiene el gran mérito de que el personal se ponga al teléfono y se deje fotografiar. Alguien se imagina a Pasqual Maragall, permítanme el inciso, cómo descansará España ahora que hemos corrido la ll al “centro”, la de Montilla, ahora que nos “han concedido” un estatuto que como bien dijo el pecident nos pilló con buen tiempo y en la playa, en Rock de Lux.
RS puso a Clinton. Puntazo, se mire por donde se mire. Entrevistó y fotografió en su día a un abogado y político poderoso que medraba, mandaba, mentía y hacía la guerra y todavía le quedaba tiempo para depositar su dulce, supongo, golosina en la laringe de una becaria. Según él, esa práctica tan, digamos, close up no era sexo. Garganta profunda en la Casa Blanca. ¡Buen rollo!, sí, señor.
De las muchas anécdotas que se cuentan en este especial, pues se dice que la memoria es aquello cómo se recuerdan las cosas, no como sucedieron, hay una que llama poderosamente la atención. Cameron Crowe, hoy cineasta de cierta fortuna autoral, explica que siempre tuvo interés en entrevistar a Bowie. Un buen día, el británico, en horas bajas, dejó un mensaje  en casa de sus padres, pag. 22.
Se imaginan que alguien en este país que se crea alguien llame a un plumífero a su casa y le deje mensaje diciéndole que no tiene mánager y que no sabe cómo orientar su carrera, pero que tiene cosas que contar. En este país no es posible. No es posible cuando cierta prensa es capaz de publicar que fulanito de tal se droga, y el aludido contraataca diciendo lindezas tipo que la prensa es hipócrita y drogadicta. Toda. Hasta los asmáticos. Y más cuando todo el mundillo sabía que el plumífero aludido era el primero que se apuntaba a lo que le pusieran por delante. Y él ya lo sabía. Porca miseria....
RS no oculta que llevaba drogas a las sesiones de fotos, pag. 29. Sabían bien a lo que jugaban, a tener la puta foto, a tener la pinche foto con sustancia, a saber que la crónica, la entrevista de apoyo tal vez moriría a las dos semanas, o no. Y que la foto te diga: ¡joder!, qué grandes fueron aquéllos tipos, tal vez los discos corran olvidados por casa, y yo sigo con mi empleo de mierda, o no, pues el grande eres tú.

PD: Miren y disfruten la lascivia que surge de la portada dedicada a Britney Spears, cual  lolita. Hace unos años compré una edición posterior, con ella en la portada. Creía que en  mi imaginario tipos como John Fogerty iban a romperme la cabeza. Ella iba elegantemente desnuda o eso me pareció, cubierta de suaves tules. En la entrevista, la tipa, a diferencia de otros, no dijo nada que no supiese que no le fuese propio, no hablaba de Walt Whitman o Andy Warhol, sabía que su público no pasa del fast food y del casquete en el asiento de atrás. Era como ella o escasamente más jóvenes y la sesión fotográfica sacó a la luz todo su sex appeal, que lo tiene, que curiosamente es casi inexistente en sus canciones, pero sí está presente en varios de sus clips y ventas. Ahora, sale desnuda, morena y embarazada en el Harper’s Bazaar. Ya se ha hecho mayor e imita a otras. No confundir con el Interviú. 
Eso es lo que hace grande a RS: sacar en portada a Clinton, a Spears, al rapero de turno, pues mucho antes estuvieron y siguen estando Bob Wilson, Neil Young, Marley, Prince, Dylan, Jagger, Janet Jackson, Richards, Madonna o Jerry García. Saben el terreno que pisan. Mucho alcohol, muchas drogas, un montón de actitud, paletadas de dólares aunque no controlen mucho algunas franquicias. En esta edición especial, la versión española tira de campaña publicitaria de telefonía móvil con Shakira y La oreja de Van Gogh, a la cabeza. La contraportada confirma demasiadas malas cosas: sordos a mogollón.
RS, al menos la edición gringa, es el sueño húmedo que nunca fue Playboy. Rock and roll and chicks and boys at the right time. Sigan algunos años más. Aprendamos.


Nil DeSoto
                  

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